Higiene del sueño: un pilar fundamental para la salud y el bienestar

Lunes 20 Abril 2026

El sueño es un proceso biológico esencial que impacta directamente en la salud, el bienestar y el desempeño laboral. Durante el descanso nocturno se llevan a cabo funciones fundamentales como la recuperación física, la regulación hormonal, la consolidación de la memoria y el equilibrio emocional. Sin embargo, en el contexto actual, marcado por el estrés, el uso prolongado de pantallas y las altas demandas laborales, una proporción importante de la población presenta alteraciones en la calidad del sueño.

La higiene del sueño se define como el conjunto de hábitos y condiciones ambientales que favorecen un descanso adecuado. Su implementación constituye una estrategia efectiva y basada en evidencia para mejorar la calidad del sueño y, con ello, la salud general y el funcionamiento diario.

Diversos estudios han demostrado que una inadecuada calidad de sueño afecta variables relevantes en el entorno laboral, como la atención, la memoria, la toma de decisiones y la productividad. Asimismo, la privación de sueño se asocia a mayor fatiga, incremento en la probabilidad de errores y mayor riesgo de accidentes, especialmente en contextos que requieren vigilancia sostenida o respuesta rápida.

Desde el punto de vista de la salud, el sueño insuficiente o de mala calidad se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedades crónicas, entre ellas obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, además de trastornos del estado de ánimo como ansiedad y depresión. En este contexto, el sueño constituye un componente fundamental dentro de los determinantes de la salud, junto con la alimentación y la actividad física.

En relación con la conducta alimentaria, la evidencia indica que la restricción de sueño altera la regulación hormonal del apetito, favoreciendo un aumento en la ingesta energética y una mayor preferencia por alimentos de alta densidad calórica. Este fenómeno adquiere especial relevancia en entornos laborales exigentes, donde la organización de los tiempos de alimentación puede verse limitada.

Dentro de las principales recomendaciones de higiene del sueño, se encuentra mantener horarios regulares de descanso, procurando acostarse y levantarse a la misma hora todos los días. Asimismo, se recomienda disponer de un ambiente adecuado para dormir, caracterizado por oscuridad, bajo nivel de ruido y temperatura confortable.

Otra medida relevante es limitar la exposición a dispositivos electrónicos en las horas previas al sueño, debido a su efecto sobre la secreción de melatonina. Del mismo modo, se aconseja evitar el consumo de estimulantes como cafeína, alcohol y comidas abundantes antes de acostarse. La incorporación de rutinas de relajación previas al descanso y el uso exclusivo de la cama para dormir también contribuyen a mejorar la calidad del sueño.

Si bien se recomienda que los adultos duerman entre 7 y 9 horas por noche, la evidencia actual destaca que la calidad del sueño es un factor determinante, por sobre la sola duración.

En síntesis, la higiene del sueño corresponde a un conjunto de medidas conductuales simples que pueden contribuir de manera significativa a mejorar la calidad del descanso y, por extensión, diversos indicadores de salud y funcionamiento diario. Su abordaje en el contexto laboral resulta pertinente, considerando su impacto en variables cognitivas, conductuales y metabólicas que influyen tanto en el bienestar individual como en el desempeño en el trabajo.

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